Cáncer policial

amaia

A Euxebio le acaba de disparar un jeltzaina con un L2 y el impacto ha sido certero, lo cuál significa que no le doy más de diez minutos de vida. En este recién estrenado siglo XXII no hacen falta armas nucleares para mantener al resto del mundo atemorizado ni conservar las fronteras de un país: el inductor de Leucemia L2, es un arma que asegura una muerte horrible con hemorragias masivas desde el primer impacto. Por eso habíamos venido a robar unas cajas de esos malditos inductores a este almacén del Edificio del Tigre de Deusto, para que los de I.D.E.I.A. podamos combatir en igualdad de condiciones contra esta dictadura de la Unión Eurasiática que cuenta con el beneplácito del Gobierno Vasco.
No, no ha sido nada fácil entrar en un almacén de la policía militar de este país. Para empezar, hemos tenido que utilizar las Pulseras Unificadas de Identidad y Comunicaciones de unos trabajadores de limpieza que secuestramos ayer y cuyo turno empezaba hace unos instantes. Después, nos han trasplantado sus ojos y manos para que la información de las malditas pulseras que llevamos coincida con las huellas dactilares y retinales, y nos hemos atiborrado de Rejetynol que hemos robado, para que nuestros cuerpos se adapten en horas a los nuevos órganos implantados. Lo más difícil ha sido no poder comunicarnos más que por escrito para organizar el robo, como en el Pictionary aquel del siglo XX. ¿Y por qué? Porque desde hace ya casi cincuenta años, todo ciudadano está obligado a llevar encima su pulsera unificada siempre, y a comunicarse a distancia únicamente a través de ella: todas las conversaciones y las coordenadas desde las que se han realizado quedan registradas vía satélite. Si se trata de una conversación de tú a tú, es muy fácil que también quede registrada por cualquiera de los cientos de miles de cámaras y micrófonos que hay ahora mismo hasta en la más insignificante población eurasiática. Y hay un nuevo proyecto de ley que espero que no llegue a ser real, mediante el cuál también habrá cámaras y micrófonos en los domicilios particulares… ¿Cuál es la frase que utiliza para ello el presidente García? El otro día dijo algo así: “El ciudadano o ciudadana no tiene nada que temer salvo que sea culpable de algún delito. Esta medida que puede parecer exagerada es exclusivamente por su seguridad. Hay que acabar con la banda terrorista I.D.E.I.A. y sus sangrientos atentados.”
Tal y como cabía esperar, mi pobre amigo Euxebio acaba de caer al suelo desangrado y ahogado en su propia sangre. Pobre hombre y vaya antepasados que ha tenido: tres generaciones de Euxebios pasadas por las armas nada menos. Su abuelo fue abatido a balazos en el monte por la histórica Ertzaintza, su padre se alistó voluntario para luchar en la Segunda Guerra de Corea… ¡Y ahora él! Pero bueno, que descanse en paz…
Ahora mismo están volando por encima de mi cabeza varias decenas de proyectiles escupidos por los L2 de la Jeltzaintza. ¡Venid a por mí, que yo también estoy armado! ¡Va por ti, Euxebio! Hoy sí que queríamos hacer algo, y no como en los últimos veinte atentados falsos con víctimas que nos imputa el gobierno eurasiático…

PD1: este relato se publicó originalmente en el fanzine KTK nº7 en 2008.
PD2: la ilustración tan chula es de Amaia Ballesteros.

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