Un ojo de la cara y un cadáver

No me gusta que me digan a quién me tengo que follar. Anoche fue la primera vez que mataba y tuve durante bastante tiempo el sabor de la sangre en mi boca. Me encantó.

Llevo encerrada bajo estas rejas y trayendo criaturas al mundo que nunca veré desde que tengo uso de razón. Pero no todo es tan duro aquí en La Cuadra… No sé si por error o por tenernos algo más contentas, Genaro a veces deja a nuestro alcance parte del polvo blanco que vende. Genaro es el dueño de la casa rural con la que se gana la vida aparte de con nosotras y con la droga esa… La mayoría de la gente que se deja caer por aquí viene a lo que viene, y no a hacer turismo rural precisamente.

gallina copy

Genaro es un insoportable alcohólico y cocainómano cuarentón sobrealimentado e infracapilado. Tiene mal vino y peor cocaína: siempre vuelve a casa con algún golpe en la cara cuando baja al pueblo a relacionarse socialmente. Durante esos momentos, nos dejan a las cinco a merced del obseso de su primo Goyito, que antes de abusar de nosotras nos cuenta siempre el mismo maldito chiste:

-¿Sabes por qué los gallos no tién manos? Pos porque las gallinas no tién tetas…

Qué gracioso el hijoputa del viejo. Supongo que se sentirá algo mejor imaginando que es el tío más ingenioso del mundo, porque su apariencia física no tiene remedio desde hace más de cincuenta años. En la guerra esa que hubo, unos carlistas hambrientos hicieron filetes con la yegua que ese cabrón se beneficiaba. Lo quemaron vivo por cagarse en Dios al ver muerta a Charito. Después de que toda su ropa ardiera, el maldito desgraciado debió de bajar rodando hasta el río por entre los zarzales y consiguió apagarse y escapar. Desde entonces, nadie con capacidad de elección quiere tener sexo con él ni pagando.

Las otras cuatro que viven encerradas conmigo no han tenido mejor suerte que yo y están también obligadas a tener descendencia que luego es vendida. El que sí que se libraba de las visitas nocturnas de Goyito era Koki. Tan machito, tan gallo… El muy corto mental solamente valía para procrear y para restregarnos su chulería a todas horas. Siempre le he odiado. Da igual: está muerto.

Pero todo va a cambiar a partir a partir de ahora: se va a comer mis pechugas a precio de saldo su puta madre… Esta mañana Goyito entró a despicarme con el instrumental a punto porque anoche hice sangrar a Koki hasta que cayó muerto. Antes de que Goyito pudiera cerrar la puerta, he saltado sobre él y le he sacado un ojo de un picotazo. Mientras se retorcía en el suelo, me he escapado con una bolsa de polvo blanco entre el pico suficiente para varios días. Genaro enseguida cerró la puerta del corral, pero mientras atendía a su primo tuve mi oportunidad. Ozzy, un cuervo que conozco, me ha dicho que no muy lejos de aquí pasa un tren. Lo cogeré y me esconderé en alguna parte. No sé qué haré a partir de ahora… ¿Qué más da? Soy una gallina libre.

Nota: este está extraído de mi libro de relatos “A lo Tonto a lo Tonto… 10″ y apareció originalmente en El Borde nº3 allá por 2005. Dicho libro está excelentemente maquetado por Infame&Co. e ilustrado por gente muy capaz a la par que estupenda como el caso de Jagoba Prida., que se encargo del dibujo de arriba. Por cierto, en este otro relato breve se hace mención a Goyito.

Anuncios

¿Y a tí qué te parece?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s