Los Abrazafarolas del Infierno: capítulo 8

“Todos mis amigos están muertos.
Todos mis amigos están muertos.
Tú fuiste golpeado en la cabeza.
Todos mis amigos están muertos.”
(Turbonegro)

cap 8

En medio del Infierno, miles de almas pertenecientes a gente que acababa de morir revoloteaban buscando la puerta de la Fortaleza de Su Majestad Infernal: una descomunal torre con forma de estrella de cinco puntas que emergía desde dentro de un crepitante y gigantesco círculo de llamas. Una vez dentro, adquirirían de nuevo el aspecto con el que habían fallecido, se les atornillarían unos cuernos a la cabeza y se les asignaría un trabajo creativo para que la gloria del Infierno siguiera perpetuándose por los siglos de los siglos.

En aquel preciso instante, Satán estaba sentado frente a la enorme mesa de la sala de juegos del último piso de dicha fortaleza vistiendo una bata de cuadros; intentaba relajarse leyendo las instrucciones de un juego de tablero mientras escuchaba a Turbonegro y se tomaba un güiski irlandés. En tiempos de paz, solía disfrutar mucho de interminables partidas de juegos de mesa o de cartas acompañado de algunas de sus mejores amistades humanas: León Trotski, Julio César, Amy Winehouse, Cleopatra, Maximilien Robespierre, Juana de Arco, Leonardo da Vinci, Marie Curie, Freddie Mercury, Hipatia de Alejandría, Nicolás Maquiavelo, Lady Di… sobre todo porque los Homo Maximus no eran demasiado aficionados al ocio y rara vez se dejaban caer por la mesa de juego de Su Majestad. Pero ahora no había demasiado tiempo para distracciones ni partidas, así que después de desprecintar la caja del juego “Roma: la Caída de un Imperio”, destroquelar sus componentes y echar un ojo a sus instrucciones, Satán lo recogió y volvió a dejarlo en la estantería. De repente, alguién llamó a la puerta con los nudillos.
-Scusa, Sua Maestà… -dijo Leonardo da Vinci desde el el otro lado de la habitación.
-Pasa, Leonardo, pasa -le contestó Satán después de bajar la música. La puerta se abrió y ambos amigos se dieron un abrazo.
-Ya he terminado las reparaciones de la cúpula de la basílica de San Pedro, Sua Maestà. Su Santidad había quedado bastante satisfecho con el resultado, pero luego he tenido que ayudarle a eliminar unas pintadas de las catacumbas que había hecho el cantante de un grupo punk del Infierno tras su intento de fuga en Nochevieja. Ponía “Jesus not dead”, ¿se lo puede creer, Sua Maestà?
-¿En serio? ¿Te refieres a esos músicos que no aparecen por ninguna parte?
-No lo sé. ¿Por qué lo pregunta, Sua Maestà?
-Nada, cosas mías… El pacto que he hecho con el Vaticano y los ricachones de la Tierra es cada vez más impopular en el Infierno y no sé si estoy haciendo lo correcto, Leonardo. ¡Voy a traicionarles desplegando todo mi ejército para intentar destruir el mundo de los vivos antes de que Dios pueda convocar el Juicio Final! Y claro, como nuestro ejército de Homo Maximus llevaba demasiado tiempo inactivo, está realizando auténticas masacres en los países del G-20… ¿Pero qué otra cosa podía hacer? El Cielo se sigue llenando porque la gente cada vez es más individualista y egocéntrica… ¡de cada diez personas que se mueren a día de hoy, nueve van al Cielo y solo una al Infierno! ¡Hay que parar esto de una vez por todas! A lo largo de la Historia, ya sabes que he hecho un montón de purgas pactando para eliminar imperios y gobiernos que estaban consiguiendo que al Cielo le fuese mejor que a nosotros… pero nunca había tenido que llegar tan lejos como ahora. Ufff… necesito otro güiski.
-¿Prefiere entonces dejar la partida para otro día, Sua Maestà?
-Me temo que va a haber que dejarla para otro momento por causas de fuerza mayor. Las operaciones militares van bien, ¡pero no hay ni rastro de Dios en el mundo de los vivos! Mis espías de allí decían que se encontraba ingresado en una clínica de desintoxicación en Bilbao, pero después de nuestro ataque no aparece por ninguna parte. Había adoptado forma humana por segunda vez y esperemos que no haya muerto, porque eso significa que después habría ascendido al Cielo… y ya no podríamos capturarle.
-Sua Maestà, yo pensaba que Dios no había abandonado el Cielo nunca…
-Me temo que no, Leonardo: olvídate del dogma de la Santísima Trinidad, porque Dios solo puede tener una forma y estar en un sitio al mismo tiempo. Y lo más importante: una vez fuera del Cielo solo puede volver a él si se muere o se reproduce… y es precisamente allí el único lugar en el que es vulnerable mientras no esté sentado en su Trono. ¡La única forma de eliminar a Dios para siempre es acabar con él en el mismísimo Cielo, no me jodas!
-Quante cose nuove! ¿Y los espías catalépticos que van al Cielo cada vez que parece que mueren, Sua Maestà? ¿Hay información reciente de alguno de ellos?
-El Coronel Nistmus es incapaz de dar con Pedrito. Esperemos que vuelva a la vida para contarnos qué es lo que se cuece por el Cielo y no se haya muerto de verdad…

Nota 1: el autor no se responsabiliza de sus propias opiniones. La novela online por entregas “Los Abrazafarolas del Infierno” es un texto de ficción. Cualquier relación con la realidad es pura coincidencia.
Nota 2: ¿quieres leer el siguiente capítulo? Haz click aquí.
Nota 3: ¿se te ha olvidado quién era alguno de los personajes o de qué iba esto? Aquí va un listado y el prólogo de la historia.
Nota 4: el photoshopeo de las catacumbas es de un servidor.

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