Los Abrazafarolas del Infierno: capítulo 1

“Si has de vivir en el valle del Rock,
te alcanzará la maldición.
Nunca tendrás reputación.
¿Qué más da?
Mi rollo es el Rock.”

(Barón Rojo)

 

Llevo ya más de dos días en Bilbao tumbado en esta cama oyéndoles decir chorradas sobre mí: que si “hay que estar zumbado para atornillarse a la cabeza unos cuernos de diablo de plástico y arrancárselos después”, que si “a ver cómo es posible que siga latiendo un corazón con una bala dentro”, que si “a ver si este punki va a ser de una secta o algo, porque llevaba un chaleco con un parche en el que ponía ‘Jesus Not Dead’”, que si “vaya forma de empezar el año”… Y como parece que no tengo muy buen aspecto y tampoco he parpadeado cuando hablaban de ponerme “una inyección dolorosísima con una aguja extralarga”, he decidido seguir fingiendo que estoy en coma. Voy a dejar que me mantengan conectado a todas estas máquinas, y espero poder escaparme del Hospital de Basurto antes de que me echen en falta.
Y el caso es que el año no lo empecé tan mal, ¿eh? Porque vaya conciertazo que dimos Los Abrazafarolas del Infierno para aquellos pijos de Avenencia Popular después de las campanadas, ¡cómo botaban los muy capullos con nuestro punk-rock, jajaja! La última vez que me lo pasé tan bien, fue tocando en los últimos conciertos que dimos Los Abrazafarolas a finales de los años ochenta cuando tenía veinte años. Incluso rompí dos cuerdas de guitarra; pero como todo salió genial, en cuanto terminó el bolo, nuestro manager nos dijo que podíamos ir a celebrarlo al Casco Viejo hasta las seis de la mañana… “porque total, ¿qué tienen de extraño tres tipos con cuernos de plástico y cara de demacre dándose un garbeo por el Casco en Nochevieja? Además, ya lleváis diez años muertos y la peña no se acuerda de vuestro jeto. Cuando mañana al mediodía la gente se esté papeando los langostinos que han sobrado hoy, nadie se acordará de haberos visto…”. Por cierto: deben ser ya las doce del mediodía, porque acaba de entrar la Doctora Lasuen con una enfermera.

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-¿Cómo se encuentra el paciente desconocido hoy, Doctora? -le pregunta una enfermera con una voz muy bonita.
-Hasta los huevos de estar aquí y más aburrido que un hongo, no te jode la tía… -le respondo para mis adentros.
-Pues el paciente desconocido sigue en coma. Está estable, pero todo lo que rodea a este chaval sigue siendo un misterio… -le responde Lasuen a la enfermera-. ¿Quién es este punki que apareció en el suelo de la Basílica de Begoña con una bala en el corazón y síntomas de intoxicación grave justo antes de la misa de Año Nuevo? ¿Por qué todos los análisis toxicológicos que le hicimos no detectaron alcohol ni ninguna otra sustancia? ¿Por qué tendría marcas de pinchazos en los brazos?
-Pues porque Koldo Barrutia Fernández no había salido del Infierno desde que se murió, y necesitaba meterse un buen chute de agua bendita de calidad, ¿por qué si no? -le respondo de nuevo para mis adentros-. Ojalá supierais en este maldito hospital lo que nos pasa al morir a las personas que tenemos un mínimo de creatividad y espíritu crítico: nos vamos al Infierno. Una vez allí, nos atornillan unos cuernos de plástico a la cabeza por si nos da por escapar, y conservamos para siempre el aspecto que teníamos al morir… por eso llevo todavía en el corazón la bala que me disparó aquel cabrón que tocaba conmigo. Necesitaba un buen subidón, porque el Infierno es un maldito peñazo: desde el primer momento en que lo pisas, ya no te afecta el alcohol ni nada que pueda nublar la creatividad y el espíritu crítico (a menos que seas capaz de conseguir agua bendita, claro). En cuanto te conviertes en ciudadano del Infierno, te asignan un trabajo creativo, y si eres músico, incluso tienes que tocar en fiestas de políticos que hacen tratos con Satán. Además, en el puto Infierno, tampoco puedes llamar por teléfono ni escribir a la que era tu novia cuando estabas vivo… porque las comunicaciones con el mundo de los vivos están cortadas. Aunque bueno, una vez ya aquí, siempre puedes robarle el móvil a uno de esos pijos de de Avenencia Popular y llamar a casa de Patricia para que te digan que “se ha ido a visitar a su novio que está de Erasmus en Edimburgo y a pasar la Nochevieja allí”, ¡¡¡no me jodas!!! -sigo respondiendo para mis adentros-. Mi madre murió hace ya dos años y debe estar en el Cielo, así que era la única persona que me apetecía ver en el mundo de los vivos. Yo solo quería intentar enrollarme con mi ex antes de ir a cargarme al hijoputa que me mató… pero el desgraciado de Pedrito también ha desaparecido del mapa, porque ya no vive en Barrenkale y nadie sabe dónde está. ¡Anteayer todos mis planes se habían ido a la mierda! ¿Cómo no iba a necesitar un chute de agua bendita? Me metí un pico de la que había en la pila de la Basílica de Begoña y lo flipé tanto, que hasta perdí la consciencia… Por cierto: cómo huele a kebap, ¿no?
-Doctora Lasuen… -vuelve a preguntar la enfermera-, ¿qué es todo ese ruido de sirenas y pitidos de coches que se oyen fuera? ¿Algún accidente tal vez? ¿Y ese olor tan fuerte a kebap?
-Mira por la ventana -le responde la doctora-. ¡¡¡No sé qué son esas cosas metálicas gigantes que sobrevuelan Bilbao lanzando fuego, pero yo diría que estamos bien jodidos!!! Además, está sonando la alarma antiincendios, ¡tenemos que salir de aquí!
Después de unos minutos de gritos y ruidos de gente corriendo, por aquí ya solo quedan los comatosos de verdad… así que me levanto de la cama, me desenchufo de las máquinas, miro por la ventana y alucino. ¿Estamos locos o qué? ¡Hay que estar tarado! Una cosa es atravesar el portal del Vaticano para traer un grupo del Infierno a tocar a Bilbao… y otra muy diferente es permitir que también lo atraviesen todas esas naves lanzallamas. ¡No huele a kebap, huele a gente ardiendo! ¿Qué clase de pirado del Infierno está detrás de esto? Ufff… si las lanzallamas están pilotadas por Largos, se va a montar una buena. ¡¡¡Tengo que salir de aquí!!!

Nota 1: el autor no se responsabiliza de sus propias opiniones. La novela online por entregas “Los Abrazafarolas del Infierno” es un texto de ficción. Cualquier relación con la realidad es pura coincidencia.
Nota 2: ¿quieres leer el siguiente capítulo? Haz click aquí.
Nota 3: ¿se te ha olvidado quién era alguno de los personajes o de qué iba esto? Aquí va un listado y el prólogo de la historia.
Nota 4: la ilustración es de Félix Vinagre.

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