Patria, fueros, rey y me cago en Dios

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-Dame un trago de cerveza, que estoy seco –le dijo Paco a Amandine estirando el brazo hacia donde ella estaba sentada.
-Te abgo otga si quiegues, aquí solo quedan babas –le contestó ella mientras dejaba el botellín de Moritz junto a un arbusto.
-Vale, pero a medias, que no quiero estar borracho aquí en el monte si aparecen los verdes…
-Très bien, toma –dijo.
-¿Y estás segura de que una bala disparada con esto va a traspasar el coche del generalísimo? –preguntó él empuñando el arma y apuntando a la oscuridad de la noche.
-Como si fuega puta mantequilla, mon ami. El guifle automático Bgouning ega tan mogtal que los ameguicanos no lo llevagon a Eugopa en la Pgimega Guega Mundial paga que no se lo copiaga nadie.
-La verdad es que el Browning este me ha salvado la vida ya unas cuantas veces… pero tampoco me ha dado tiempo a mirar los agujeros que ha hecho. Es la única herencia que mi padre me pudo dejar aparte del gusto por la lectura… ¡Qué ironía! Él me solía decir aquello de que un libro es el mejor amigo que alguien podía tener, y luego los fachas le quemaron la casa y toda su espectacular biblioteca cuando tomaron Bilbao.
-Algún día me tienes que contag todo eso, Paco.
-Claro, Amandine. Por ejemplo… ¿Sabías que este rifle fue de Bonnie y Clyde?
-Eso es mentiga…
-La verdad es que no te lo puedo demostrar, pero al parecer el vecino de arriba de mi padre estuvo trapicheando con vino en Estados Unidos en plena época de la Ley Seca, y parece ser que les compró este y otros tres más a un tipo que trucaba armas para Bonnie y Clyde. El vecino mafioso de mi padre los guardó bajo llave, y luego les dio a cada uno de sus cuatro hijos una para cada cerradura.
-Paguece un güestegn vasco…
-Ya te digo… Y espera a oír qué clase de hijos tenía aquel buen señor… De todo eso se enteró mi padre porque se escondió en casa al recibir un tiro cuando bajó a por fruta. ¡Noventa y tres años tenía y salió corriendo para Santander con un balazo en la pierna y armado con este rifle de ocho kilos!
-¡Clago, nogmal, tu padge ega de Bilbao!
-¡Ja ja ja! Pues sí, Amandine, de allí de toda la vida. El que a lo mejor no era de allí era el vecino este de los rifles, porque su hijo mayor se lo cargó de un tiro el muy cabrón. ¡Debió de ser curioso aquello de que los cuatro hijos se juntaran con sus llaves para recibir la herencia mientras los nacionales tomaban Bilbao!
-Del amog al odio hay un paso, mon ami…
-Sí, amores que matan. Como el del cabrón de vejestorio parricida y carlista aquel que no les dijo nada a sus hermanos cuando llegaron a casa. Pero bueno, que uno de sus hermanos que era anarco ya le puso en su sitio, ya… ¡Le ató forrado de dinamita en el balcón y puso una lupa junto a la mecha para cuando saliera el sol! Le debió de decir algo así como: “Te voy a poner cara al sol, Rodrigo, como Franco os va poner a los carlistas cuando gane la guerra el muy cabrón…”
-Ese hombge ega un visionaguio…
-La verdad que sí. Pero el caso es que como el pobre hermano mayor no tenía piernas y pesaba poco, salió volando hasta el patio interior de las casas de enfrente cuando explotó la dinamita.
-¡Jodeg!
-La pena fue que al hermano dinamitero aquel le pegó un tiro un moro justó después que a mi padre, y murió allí mismo desangrado…
-Paco… ¿Y no quedó vivo ninguno de los otgos hegmanos?
-Qué va. Un rato antes de que murieran esos dos, la única hermana de ellos se autoinmoló con parte de la dinamita que le robó al anarco, y se llevó también por delante a la otra pata del banco… Con lo monárquica que era no podía ni ver a su hermano ertzaina. Imagínate cuánto era el odio que debía sentir, que hasta se tragó clavos la muy loca con la intención de que hicieran de metralla… Se agarró a él y no le soltó hasta que explotó la dinamita. No sé si era católico o no, pero decía mi padre que hasta empezó a rezar un padrenuestro y todo mientras ardía la mecha…
-¡Qué hogog…!
-Pero bueno, por lo menos tanta animalada sirvió para que tuviéramos el arma que va a matar a Franco…
-Ciegto. Vaya familia, ¿Eh?
-Ya te digo, Amandine: el ertzaina defensor de la patria vasca, el carlista con sus fueros a cuestas, la monárquica y el anarco…
-¡Patgia, fuegos, guey y me cago en Dios!
-¡Ja ja ja! Eso sí que sería el título de un buen relato sobre la Guerra Civil… ¡Espero que algún día las librerías no se llenen de textos de ficción sobre algo que fue tan serio!

Patria, fueros, rey y me cago en Dios.

 I. Patria.

Me llamo Domingo Zabala, y a día de hoy todavía sigo vivo y soy ertzaña. No sé qué pasará mañana, pero dicen que Bilbao está a punto de ser tomado, y que los moros de Franco y los carlistas están ya muy cerca. Me da igual esta mierda de guerra aunque todavía lleve puesto el uniforme: no es mi guerra y no sé qué hacemos la gente que amamos Euzkadi y al Lehendakari al lado de esa cuadrilla de rojos y ateos. ¡Que les den a todos menos a mi gente, la gente de verdad! Y no me refiero a la familia, no, que vaya dos hermanos y vaya hermana que me han tocado, ¡ene!

Harto de todo, he ido a casa la tía Lucía a por munición y unas gafas, que se me rompieron las otras en una escaramuza con unos anarquistas de esos que no respetan nada. Me las he puesto sobre el gancho que tengo en lugar de la nariz que perdí en un bombardeo, he cogido la moto y otra pistola más, y he ido al Casco Viejo a casa de aita para ver si podíamos tirar juntos para Santoña… y me lo he encontrado muerto en el salón con un tiro en la cabeza. ¡Cabrones! ¡Seguro que ha sido algún rojo de mierda para robarnos todo lo que hemos ganado honradamente…!

Parece que fue ayer la última cena de nochebuena que hicimos con aita los cuatro hermanos juntos. Hace ya año y pico de las navidades del treintaicinco y parece que ha pasado una eternidad. Aquella noche nos dio una llave a cada uno con mucho misterio. Nos dijo que cuando él muriera, podríamos abrir la puerta de una tonelada de piedra que cierran las cuatro cerraduras del hueco de la chimenea, una por cada cabeza del lauburu que hay tallado. Supuestamente nos iba a dejar algo que nos sería muy útil, porque según él en Europa se venía venir una buena. Y es que aita fue un tipo que había viajado mucho, y cuando murió ama hace ya casi ocho años, se fue a norteamérica durante la Ley Seca para hacer dinero y pagarnos los estudios vendiendo vino de contrabando. Chapurreaba algo de inglés, e incluso decía que había conocido a Bonnie y Clyde. ¡Cuántos recuerdos me vienen a la cabeza y qué cansancio tengo encima…! ¡Que acabe ya esta guerra como sea, por Dios!

Estoy destrozado y me acabo de dar cuenta de que según el reloj, llevo ya un rato dormido en el sofá… ¡Ene! Me despierto al oír un portazo de la puerta del salón, y lo hago de la peor forma posible: encontrándome una anilla colgada del ganchito que tengo por nariz, las gafas hechas añicos, y la voz del carlistón de Rodrigo que me dice riéndose…

-¿Dónde está la granada, hermanito? Yo no la tengo…

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II. Fueros.

-¡Zumalacarro, requetemierda, arrastra tus huevos hasta aquí si puedes! –me grita el desgraciado de Mingo tras abrir la puerta y desenfundar la Astra-Mauser. Yo le apunto con mi Campo-Giro.
-Tranquilidad que no hay granada. Es una anilla de una cortina, hermanito… –le digo mientras nos seguimos apuntando.
-El escapulario ese que llevas en el que pone “aparta bala” no te va a servir esta vez… Ni todas las medallas rancias del siglo pasado que llevas encima.
-Aunque ya no tenga piernas, este requeté te va a poner unos remaches nuevos de plomo que te van a durar hasta cuando te manden al infierno el día del Juicio Final, separatista de mierda –le digo mientras avanzo rodando empujando mi carrito con la palma de la mano izquierda. Noto que se fija en la llave que llevo colgada al cuello y que me dio aita en la nochebuena de hace año y pico. Nos quedamos mirando frente a frente mientras nos seguimos apuntando.
-Pues ojo que al infierno a lo mejor también te vienes tú conmigo y sin juicio previo… Te va a tocar hacerle la colada a Mola, ¡carlistón!
-Tranquilidad, que este viejo requeté ahora solo quiere la parte que le corresponde de su herencia. Desde que Dios quiso que perdiera las piernas de un cañonazo en la anterior Guerra Carlista, mi única ilusión era que los nuestros tomaran por primera vez en la historia la ciudad que me vio nacer. En ello andan. Ahora ya solo quiero descansar y disfrutar de lo que me corresponde…
-Que a lo mejor es un par de tiros bien pegados… Porque vamos a ver, a mí no me engañas: tú vienes a ver si aita está muerto para poder llevarte tu parte de la herencia y punto. ¡Qué gran corazón tiene mi hermano Zumalacarro!
-¿Pero tú que te has pensado de la vida? –le digo poniéndome bien la txapela roja-. A mis casi ochenta años he vivido ya dos guerras y he visto de todo, ¡niñato! Viniendo hacia aquí con unos requetés de mi tercio hemos visto a un depravado haciéndole lo que yo te diga a una yegua famélica que nos hemos tenido que comer del hambre que traíamos. ¡Maldito pervertido! Lo hemos quemado vivo porque además ha empezado a blasfemar como un loco cuando nos hemos cargado a su animal. ¡Ojalá siga ardiendo en el infierno!
-No me cuentes tu vida que ya me la sé y no me hizo gracia todo lo que hay hasta que nacimos mi hermana y yo… Y hablando de ella, si esperas un poco, enseguida se te va a aparecer la virgen de Begoña.
-¿Se puede saber qué estás diciendo? ¡No blasfemes de esa manera!
-Pues que a nuestra hermana Begoñita la monja, le dio por recuperar el tiempo perdido en estos días inciertos, y se arrimó a un falangista que le hizo un bombo. El muy desgraciado luego no quiso saber nada de ella… Pero bueno, que viene para aquí y ya te lo contará ella mejor…

III. Rey.

-Estoy de vuestras discusiones y causas perdidas hasta las tetas -digo con toda voz que puedo sacar. Estoy casi afónica. Normal. Anoche dormí sin taparme porque no quería llamar la atención haciendo una fogata para quitar los piojos y el resto de bichos de la manta. Y para colmo, cada vez me pesa más el crío que voy a tener del hijo de puta ese.
-Hermanita, dichosos los ojos… –dice mi hermano el carlista-. ¿Tú también vienes a por tu parte?
-No te hagas el simpático, Rodrigo, que no va contigo. Tengo mi llave igual que vosotros dos y vengo a por lo que es mío. Voy a tener un hijo y quiero la parte de mi herencia. Sobre todo sabiendo que Luis Mari viene hacia aquí, que he estado con él.
-Yo también quiero lo que es mío –me dice Domingo santiguándose al mirarme de arriba abajo-. Y luego lo que quiero es no volver a veros nunca más. Si viene Luis Mari con su llave, enterramos a aita, repartimos la herencia, y cada uno por su lado.
-De acuerdo, Domingo. Es lo más inteligente que te he oído decir nunca –le respondo a la caricatura de hermano que tengo. Le odio.
-Me parece bien. Seguro que no tarda en venir si todavía no le han limpiado el forro los míos –contesta el carlista de Rodrigo.

IV. Me Cago en Dios.

-Mira que pochola mi hermanita, tan monárquica ella y creyendo en príncipes… de camisas azules –digo al entrar en el salón y ver semejante cuadro-. Ya estamos todos: la monja embarazada, el policía sin narices y el carlista follaratas…
-Vaya, pero si está aquí el cristianito anarco… ¿Y a ti quién te ha dado vela en este entierro, Luis Mari? –dice mi hermano Mingo el ertzaña-. Porque ya sabrás que aita ha muerto, ¿verdad?
-Sí, joder, ya lo sé. No me toques las narices, Mingo, que aún las tengo en su sitio y no quiero tener la misma pinta de imbécil que tú –le digo apuntándole con mi naranjero-. Y sí, tienes razón, yo iba para seminarista. Y también pensaba que si Dios nos hizo a todos iguales, nadie debería mandar sobre nadie… Pero he visto mucha mierda en San Sebastián, hermanito, mucha gente buena acribillada por militares hijos de puta que quieren que España vuelva a la Edad Media… mientras putos peneuveros como tú se quedan sentados a ver si desde Madrid os dan el maldito estatuto. ¿Qué clase de dios puede permitir que la Iglesia le dé palmaditas en la espalda a los nacionales? Porque de lo que pienso acerca de que los tuyos le recen ya ni hablamos…
-¿Es que ahora te has vuelto ateo? Demasiado tiempo entre obreritos, Luis Mari –me dice el vejestorio sin piernas que tengo por hermano mientras me apunta con su pistola.
-A ver, bajad las armas, que mientras venías hemos acordado algo –dice el policía sin nariz que tengo por hermano-. Nosotros tres queremos la herencia que nos corresponde.
-O a lo mejor lo que queremos es una buena excusa para matarnos entre nosotros… Yo lo que no quiero es que unos impresentables como vosotros se queden con nada, pero bueno, que a la cama y mañana será otro día. Ya abriremos las cerraduras si Luis Mari ha traído su llave –dice mi hermana con las manos en los riñones y cara de cansancio. La verdad es que a pesar del hábito de monja, a mi hermana Bego la barriga se le nota ya bastante.
-Yo también estoy muy cansado y quiero irme a la cama, pero contádmelo antes, ¿no? –les increpo.
-A ver, tengo una idea y la cosa es muy sencilla… Vamos a enterrar a aita en el jardín de casa y a meter después la llave que tenemos cada uno de nosotros en la cerradura del lauburu que le corresponda, pero sin girar ninguna de las cuatro… –me explica mi hermano Rodrigo el carlistón desde la altura a la que tengo mis huevos-. Cuando salga el sol y cante el gallo del vecino, vale de todo, hasta suicidarse. El último que quede con vida se lleva como herencia lo que sea que haya detrás de la puerta de piedra. ¿Qué os parece?
-Adelante, la única que me merece un mínimo de respeto es mi hermana, pero adelante con todo –contesto sonriéndoles mientras vuelvo a empuñar mi naranjero.
-Veo que no queda otra y prefiero ajustar cuentas con vosotros antes de que me caiga para el cuerpo alguna bala que no sea de la familia. Adelante con todo pues –contesta mi hermano el ertzainilla.
-Adelante con todo entonces –contesta Bego con lágrimas en los ojos.
-Pues si todos estamos de acuerdo, hala, a la cama, que mañana hay que madrugar –les digo a los tres.

Nota: este está extraído de mi libro de relatos “A lo Tonto a lo Tonto… 10″ y apareció originalmente en El Borde nº5 allá por 2007. Dicho libro está excelentemente maquetado por Infame&Co. e ilustrado por gente muy capaz a la par que estupenda como el caso de Arkaito, que se encargo del dibujo de arriba.

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