Laredu es muchu

DSCN0431La playuca de Laredo

El caso es que andaba yo por las calles de Laredo el viernes pasado y una persona a la que le tenía perdida la pista desde hace más o menos veinte años me reconoció y se paró a hablar conmigo. Era Lidia, una chica de Laredo que tenía un kiosko a principios de los 80 donde entonces se terminaba el paseo marítimo en dirección al Puntal; a ella le compraba mis primeros Mortadelos, Zipizapes y Johan y Pirluits cuando acababa de aprender a leer, y ella también me cortaba el pelo en una peluquería que montó años después hasta que decidí dejármelo largo y no cortármelo en una buena temporada. Le tenía mucho cariño, de crío me moría de risa con su gran sentido del humor, y durante mi adolescencia, hasta me dejaba pinchar cintas de AC/DC, Siniestro Total, Iron Maiden, Manowar y Def Leppard en su peluquería… Total, que la última vez que la vi fue hace dos décadas empujando una sillita con una niña pequeña y el otra día me dijo que su hija había cumplido ya veintitrés. Nos contamos nuestros últimos veinte años en un cuarto de hora porque tenía que irse, pero nos dimos los teléfonos y seguiremos en contacto.

Bueno, pues por eso y por muchas cosas más, me gusta mucho darme una vuelta por Laredo de vez en cuando. Desde que tengo uso de razón, allí he pasado grandes momentos junto a mi familia y amigos, y me encanta volver varias veces a lo largo del año para disfrutar de su preciosa e interminable playa, sus bares de la Puebla Vieja, la tranquilidad que hay en otoño y primavera… Exactamente al revés que el viernes pasado durante la Batalla de Flores, que para quien no sepa qué es, nació en 1908 y consiste en un gran desfile de carrozas forradas de flores con gente disfrazada a bordo, un mercadillo enorme… y gente por todas partes.

1185749_10153145803085577_1437301062_nFoto de Silvia San Miguel con “Florida”, la
carroza
ganadora de este año. Tiene su trabajo, ¿eh?

Pero tampoco quiero aburriros con los motivos por los que me gusta Laredo, porque al igual que todos esos sentimientos que mucha gente tiene hacia los pueblos donde pasaba el verano, los míos -supongo que al igual que los de tantos y tantos bizkaitarras cuyos padres se decidieron por Laredo durante aquellos años- son tambien muy intensos, ya que fue en sus calles, campas, plazas, kioskos, bares y playas donde viví todos aquellos momentos veraniegos que perdurarán para siempre en mi memoria y que abarcan desde mañanas de playa, tardes de bici y juegos infantiles con Clicks y Legos, hasta partidas de rol, noches de Rock&Roll en el bar Alfil, primeras borracheras y búsquedas de lugares oscuros.

En fin, que próxima parada en Laredo: El Desembarco de Carlos V, que es una fiesta que destaca porque durante ese fin de semana todo el mundo va por ahí con ropajes renacentistas. Todavía no he tenido ocasión de disfrazarme ningún año…

PD: y de regalo, aquí os dejo un vídeo del Piculín en Laredo, un sitio en el que preparan unos de los mejores bocadillos (a partir del minuto 01:45 podéis ver la elaboración de un “especial de tortilla”), sandwiches y hamburguesas que he probado con muy buenos precios y a una velocidad increíble…

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