Salsa barbacoa

“ La barbacoa, la barbacoa.
Cómo me gusta la ‘Barbekiú’.
La barbacoa, la barbacoa.
Cómo me gusta la ‘Barbekiú’.“
(Georgie Dann)

salsa_barbq_Dann

Menuda liada, ya veo un helicóptero sobrevolando nuestra improvisada trinchera. Supongo que la Ertzaintza ya está al tanto y no tardará en entrar. Ya es de noche, y están tratando de iluminar con un foco la zona en la que estamos. La verdad es que estoy bastante cagado a pesar del pedo que llevo. Todos lo llevamos. Me río y le paso el revólver a mi hermano Luis para así poder encender el porro que se me ha apagado; Luisete se niega a cogerlo porque le da “yuyu” y me dice que se lo pase a Euxebio, “pero para que se pegue un tiro en la sien, que después de la que ha liado, mejor estaba muerto”. ¿Y qué más da? Pronto lo estaremos todos. Es curioso: dicen que cuando te vas a morir, empiezas a recordar toda tu vida a toda leche; yo solo sé que llevo un pedo que te cagas y que lo único que me viene a la cabeza es la causa por la que ahora estamos aquí pasándolas tan putas. Si tan solo hace diez horas no hubiéramos entrado en el cuarto de mis señores progenitores…

Los primeros rayos de sol de la mañana incidían sobre la reluciente arma de fuego de mi señor padre, un detective privado que, a esas horas se encontraría completamente privado en el bar de al lado de casa. Mi madre tampoco estaba en casa porque se ahorcó de la lámpara del comedor hace ya más de diez años.

-Oye, eso es un Colt, ¿no? –preguntó mi amigo Euxebio.
-Sí, un Colt Python Elite, ¿quieres cogerlo, Euxe? –le respondí.
-¡Vale! Oye, cómo pesa, ¿no? Pero está muy guapo, hay que reconocer que tu viejo tiene gusto, ¡bang, bang! –exclamó poniendo el revólver entre las cejas de Luisete y haciendo el ruido con la boca.
-¿Pero tú estás loco? ¿Me quieres volar la cabeza o qué? –le gritó mi hermano presa de los nervios.
-Tranquilos, que no esta cargado… –les contesté.
-Pues con esas cosas no se juega, que las carga el diablo, joder…
-A ti lo que te pasa es que es que eres un acojonado, Luisete –dijo Euxe apuntándose a la sien y apretando el gatillo, como para crecerse ante mi hermano: ¡clacka!
-¿Quién, yo? –le contestó-. ¿Yo soy un acojonado?
-Sí, tú –prosiguió Euxe-. Como aquella vez que se fue la luz de la escalera y me abriste la puerta con un bate de béisbol en la mano… ¡qué fuerte!
-¡Bueno, qué pasa! Acababan de dar por la tele un reportaje del asesino de la baraja, y…
-¡Eh eh! ¡Ya vale! Vamos a cambiar de tema y a empezar a bajar las cosas al coche, que no se bajan solas –dije intentando reconciliarles.
-¡Ja ja ja! Por mí de acuerdo. Pero que sepas que tu hermano es un acojonado…
-¿A que no me dices eso otra vez con el bate en la mano? –le dijo Luisete agachándose para coger el bate que guardaba debajo de la cama.
-¡Haaaya paz! –grité poniéndome en medio de un tío con un revolver y otro con un bate-. Coño, que parecéis sacados de un videojuego de los ochenta… a ver, Euxe: deja la pistola donde estaba y pilla la priva de la nevera. Y tú, Luisete: ayúdame a bajar las mochilas. Los sacos y la tienda están ya en el coche, ¿no?
-Sí, están en el maletero –respondió mi valiente hermano.
-Bueno, pues entonces id bajando, que ahora bajo yo con lo que queda. Voy a pillar música para el viaje…

Desde la puerta de casa pude escuchar a mi hermano y a Euxe reconciliándose:

-La próxima vez te reviento la cabeza.
-Y yo la próxima vez te apago la luz…

Para matarlos. Y seguían con sus comentarios brillantes:

-Oye Euxe, ¿qué eso que sale de tu saco de dormir?
-Nada, unas revistas…
-Las Interviús de mi viejo, ¿eh? Si es que estás de un pajoso últimamente…
-Bueno, vale. Me dijiste que podía coger las que quisiera, ¿no?
-Ya, pero la que sale Lola Flores enseñando las tetas…

BARBACOA
Cerré la puerta, no quería seguir escuchándoles. Cogí una cinta de los Misfits, una de ZZ Top y otra de Siniestro Total. Me las metí en la riñonera, fui al baño y me puse un par de rayas de speed para olvidarme del madrugón, cogí mi mochila y el camping-gas, cerré la puerta, bajé la basura. Justo al lado del contenedor, Euxe había aparcado su viejo Ford Fiesta que ya tenía veinte años (un par de ellos menos que todos. Mi hermano y yo somos mellizos). Me pedí conducir y Euxe aceptó. Arranqué a la tercera picando toda la rueda que el Forfi me permitió, y es que esta mañana estaba muy animado y no era solamente por la droga. A ver, os cuento el plan por encima: un fin de semana de acampada-barbacoa para tres personas en pleno monte en la Arboleda-Zugaztieta, junto a media docena de plantas de Marihuana que nosotros mismos habíamos plantado allí, y que ya eran más grandes que Conan el Destructor, actual gobernador de California. También estaban tres cajas de vino condenable del Lidl (su nombre real es “Conde Noble”), otra caja de vodka de la misma procedencia, mi bolsón de speed… ¡Ah! Y la comida: montones salchichas, chuletillas de cordero y chorizos parrilleros. Todo eso, y el revólver de mi padre, que el subnormal de Euxebio escondió debajo de su camisa para hacer la gracia de darle un susto a mi hermano por la noche. Bueno, y ya puestos, una caja de balas para disparar a las botellas vacías, “como en las películas de vaqueros”.

Y ahora aquí andamos, en medio de lo que podría ser una película de Álex de la Iglesia. Estamos parapetados detrás de dos coches esperando a que venga la Ertzaintza, con un morón mas que considerable, un Colt Python Elite, media caja de balas, unos cuantos cócteles molotov, y una rehén de cincuenta años a cuyo marido se cargó el lumbreras de Euxe a eso de las cuatro de la tarde por intentar reventar a tiros unas botellas de condenable “como en las películas de vaqueros”. Ninguno de nosotros reparamos en que el matrimonio Peláez había venido en su Land Rover al monte para coger leña, ni en que Felipe –que así se llamaba el difunto marido de la señora- tuvo unas enormes ganas de cagar y se puso a hacerlo detrás del arbusto frente al cual Euxe situó las consabidas botellas de vino. Pero bueno, parece que la señora –María Luisa- ya ha perdonado al homicida de su marido, porque aunque en un principio llamó a la Ertzaintza por teléfono, ya es la cuarta vez que se folla a mi amigo esta tarde-noche. ¿Síndrome de Estocolmo o aburrimiento conyugal? Quién sabe.

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Como veis, hemos decidido no entregarnos porque no queremos pudrirnos en la cárcel (homicidio, tenencia ilícita de armas, posesión de una burrada de drogas…). Y es que a mí ya todo me da igual, Euxebio ya no va a morirse virgen, y a mi hermano nunca se le ha dado bien eso de vivir, ser feliz y tal. Así que ya le he dicho a Luisete, que empiece a quemar las plantas de Marihuana, que vamos a echarnos unas risas mientras nos matan. Yo usaré el revólver, y Euxe ha dicho que, en cuando termine de follar con María Luisa, se va a encargar de los cócteles molotov. A ver si se le dan mejor que las armas de fuego…


Nota 1: el relato “Salsa Barbacoa” está extraído de mi libro de relatos “A lo Tonto a lo Tonto… 10″ y apareció originalmente en El Borde nº1 allá por 2003. Dicho libro está excelentemente maquetado por Infame&Co. e ilustrado por gente muy capaz a la par que estupenda (como El Jose, que no solo se curró una pedazo de ilustración, ¡sino tres!).
Nota 2: el libro con portada de
Infame&Co. se puede adquirir en Joker Cómics al módico precio de 3 euros.
Nota 3: y de regalo, el inolvidable videoclip de Georgie (sí, estuve en su concierto de Fiestas de Santurtzi y me impacto, ¿qué pasa?)…

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